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Por lo general el delito es para la persona que lo sufre un hecho traumático. A raíz de eso puede desarrollar varios trastornos derivados de este entendimiento del suceso. Como se vió anteriormente, estos trastornos son consecuencia de un estado ansioso que se llega a complicar debido a las características del afectado y de la naturaleza del acto perpetuado.

Los trastornos traumáticos son, en la actualidad, unos trastornos psicopatológicos muy importantes que deben de ser estudiados detenidamente dada la situación mundial en este momento. El clima de violencia que se vive hoy es cada vez más  notable  y  el  aumento de la victimización dentro de las grandes ciudades aumenta el sentimiento de inseguridad que merma la salud mental de la sociedad. La misma está cada vez más necesitada de apoyo y de guía en el afrontamiento de este tipo de situaciones y desgraciadamente,  el  poco conocimiento por  parte de los expertos ha provocado un  grave distanciamiento entre las disciplinas de conocimiento y la gente que necesita ayuda.

Un trauma es un acontecimiento en la vida de un sujeto caracterizado por su intensidad, la capacidad del sujeto de responder a él adecuadamente, el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica. El traumatismo se caracteriza por el aflujo de excitaciones excesivas, en relación con la tolerancia del sujeto y su capacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas situaciones.

Cuando se habla de que se fue víctima de un delito, el trastorno provocado por la situación en sí  es el conocido como trastorno de estrés postraumático. Sin embargo éste no es el único que se llega a presentar, sino que varias situaciones inherentes al suceso vivido trae otros tipos de perturbaciones, por ejemplo el trastorno de estrés agudo o el de amenaza traumática.

El trastorno de estrés agudo se caracteriza por la aparición de ansiedad, síntomas  disociativos y de otro tipo que tiene lugar durante el mes que sigue a la exposición a un acontecimiento traumático de carácter extremo. En el mismo momento del trastorno o con posterioridad a él, el individuo presenta al menos tres de los  siguientes  síntomas disociativos:  sensación  subjetiva de embotamiento, desapego o  ausencia de la realidad que le rodea, desrealización, despersonalización y amnesia disociativa. Después del acontecimiento traumático, éste es revivido de forma recurrente; el individuo presenta un acusado comportamiento de evitación ante aquellos estímulos que pueden hacer aflorar recuerdos del trauma y presenta síntomas significativos de ansiedad o aumento de activación. Los síntomas provocan un malestar clínico significativo, que interfiere constantemente en la actividad del individuo, o afectan notablemente a su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables. Estas alteraciones duran por lo menos 2 días y  no  se  prolongan más allá de las 4 semanas posteriores al acontecimiento traumático. El cuadro no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o a una enfermedad médica, no pueden explicarse mejor por la presencia de un trastorno psicótico breve y no constituyen una mera exacerbación de un trastorno mental preexistente.

Como respuesta al acontecimiento traumático el individuo presenta síntomas disociativos. Los sujetos con trastorno por estrés agudo muestran una disminución de la reactividad emocional, lo cual suele traducirse en una dificultad o imposibilidad para encontrar placer en actividades que antes resultaban gratificantes y con frecuencia en un sentimiento de culpabilidad. A veces el individuo tiene dificultades para concentrarse, tiene la sensación de estar separado de su cuerpo, experimenta el mundo como irreal o fantástico o nota una progresiva incapacidad para recordar detalles específicos del acontecimiento traumático (amnesia disociativa).

Al principio, el acontecimiento traumático es revivido repetidamente (recuerdos, imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashback, sensación de estar reviviendo el suceso o aparición de malestar al exponerse a estímulos que recuerdan el trauma). Después, estos estímulos (lugares, personas, actividades) propician  comportamientos de evitación.  Por último, aparece un aumento de la activación (dificultad para dormir, irritabilidad, falta de concentración, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto e inquietud motora) como respuesta a estos estímulos.

Cuando los síntomas del trastorno de estrés agudo se extienden tanto en tiempo como en intensidad se habla ya  de que se presenta el trastorno de estrés postraumático, muy común   en las víctimas de delitos especialmente violentos.

El trastorno de estrés postraumático se identifica por la aparición de una serie de síntomas característicos, similares a los del trastorno de estrés agudo, tras la exposición directa o indirecta de un sujeto a un acontecimiento altamente estresante o traumático, en el que se haya puesto en riesgo su vida o integridad física o de las demás personas.

El trastorno de estrés postraumático causa síntomas físicos y psicológicos. Estos síntomas se pueden desarrollar desde tres meses después del evento traumático, así como también pueden aparecer varios años después. Los síntomas pueden agudizarse dependiendo del grado de atención que se le de a la persona. Entre los síntomas más recurrentes que se manifiestan y que sirven de base para diagnosticar este trastorno se encuentran:

Los síntomas descritos anteriormente han de estar presentes al  menos durante un  mes. En función de su duración, el trastorno se denominará: agudo (menos de tres meses), crónico (mas de tres meses) o trastorno por estrés postraumático de inicio demorado (cuando los síntomas aparecen después de los seis meses posteriores al evento traumático).

La severidad del evento, así como otros factores de riesgo pueden hacer que  el sujeto sea más vulnerable a presentar el trastorno de estrés postraumático. Entre estos factores de riesgo están:

Además de los ya enumerados anteriormente, también existe otro tipo de trastorno relacionado a la sobreexposición, el cual es conocido como trastorno de amenaza traumática.

Este trastorno puede desarrollarse aunque la situación no haya sido dirigida al sujeto de manera específica, sino en forma masiva y a distancia. Esto se realiza en forma indirecta, a través de relatos de terceros, entre los que se cuentan los medios masivos de comunicación. Estos últimos asumen el rol sustancial en el desarrollo del trastorno, dado el efecto que tienen las comunicaciones a nivel individual y  grupal.

Entre las características que presentan las personas que sufren este trastorno están:

Debido a que la mayoría de los sobrevivientes ignoran que pudieron resultar afectados, con frecuencia resulta problemático para ellos comprender lo que les está ocurriendo. Sin embargo es necesario que todos estos sepan que los traumas les pueden ocurrir a muchas personas que son competentes, saludables, fuertes y positivas. Nadie puede protegerse lo suficientemente de experiencias traumáticas. Según las estadísticas más de un 8% del  total  de la población pueden llegar a sufrir algún trastorno de este tipo a lo largo de su vida. Las personas afectadas por un trauma de ninguna forma están  locos, solo  están pasando por  ellos una serie de síntomas típicos relacionados por la exposición a la experiencia  traumática. Mientras mejor se comprendan los síntomas de un trauma, una persona puede estar menos atemorizada y más competente para manejarlos. Reconociendo los efectos del trauma  y de los síntomas, cualquier persona puede tomar decisiones más apropiadas del tipo de ayuda o tratamiento especializado que requiere.

Como se ve, las consecuencias psicológicas acarreadas tras un delito pueden llegar a ser de diferentes tipos y gravedades, por lo cual es necesario tenerlas en cuenta para poder ayudar a la víctima a salir adelante. En el caso de aquellos perjudicados por un delito, la esencia de éste provoca que la interrelación que puede llegar a existir entre los varios daños provocados a diferentes aspectos de la vida de la persona (física, psicológica, social etc.), es conveniente proponer un modelo de atención interdisciplinario que permita que cualquier complicación, estudiada desde diferentes puntos, sea mas fácil  de tratar.

Bibliografía:

American Psychology Association (2013) DSM-V. Bueno Aires; Editorial Médica Panamericana.

Caballero, M. (1998) Estrés postraumático e impacto psicológico a corto y mediano plazo  del robo a casa. Tesis de licenciatura, Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Psicología, México, D.F.

Ortiz, M. (1997) Trastornos Psicológicos. Granada:  Aljibe

Rosas, N. (2004) El trastorno del estrés post traumático. Una revisión de la  bibliografía.  Tesis  de  licenciatura, Universidad Nacional  Autónoma de México  Facultad de Psicología, México,  D.F.

Lic. En Psic. Isaías Valencia

Departamento de Psicología ASFAVIDE

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